Me dirigía a un kiosco cerca de mi casa cuando lo vi, me hipnotizó, realmente hermoso, fabuloso, simplemente con estar ahí parado en la parte mas visible de aquel kiosco, salude al señor que estaba dentro del kiosco y dirigí la mirada a aquel prospecto, no aguante mas y decidí llamarlo con el señor para que por favor me ayudara, hizo que volteara sin pronunciar palabra me lo llevé a mi casa, decidí quitarme el suéter que cargaba, me puse una blusa bastante ligera, los jeans también me los quite, sin duda alguna me molestaban para aquella ocasión, fui a la cocina donde estaba el lo lleve a mi cuarto, estaba frío como el hielo total ya yo lo iba a derretir en minutos, solo tenia que estar en mis manos.
Me senté en la cama y el ahí mirándome desde la mesa de noche. Lo acerque, le quite la vestimenta que cargaba y comencé con mi cometido, primero le pasé la lengua, tenia un sabor extraño, no lo reconocía se me hizo difícil al inicio pero luego continué con mi cometido.
El no hablaba solo dejaba que mis labios lo rozaran hasta que termine la primera parte, ahora lo sentía nervioso pero yo lo disfrutaba. Por la apariencia que tomo, me toco chupar un poco, casi me ahogo era mi primera vez en ese aspecto, era inexperta.
De repente sentí que algo escurría por mi boca, sin duda el sabor me gusto, sabia a leche con azúcar, bastante delicioso.
Luego salí de mi cuarto con lo que quedaba de el, lo bote de mi casa y listo seguí mi día normal.
Esa fue la primera vez que me comí un helado Mágnum, tenia como 4 años de edad, pero lo recuerdo a la perfección








